Wixarikas caminan, ofrendan, danzan y se reunen con el presidente para recuperar sus tierras.

Ciudad de México, mayo 31, 2022

Texto: Rosa María Barajas. Fotografías: Rosa María Barajas y Enrique Davalos

El día de ayer, mayo 30, fue un día muy importante para la comunidad Wixarika de San Sebastián Teponahuaxtlán y Tuxpan de Bolaños en Jalisco.

Doscientos comuneros y comuneras recorrieron más de 900 kilómetros caminando por 32 días para llegar a la ciudad de México y buscar reunirse con el presidente López Obrador para que dé solución a sus demandas de devolución de 11 mil hectáreas de tierras que por décadas han estado ocupadas ilegalmente por alrededor de 80 ganaderos.

Antes de salir de sus comunidades brindaron ofrenda a sus deidades, especialmente a Tatewari, el abuelo fuego y a Tatei Yurienaka, la madre tierra para que les protegiera en su caminar y para que el presidente les escuchara.

Llegaron a ciudad de México el jueves 26 de mayo, cansados, con ampollas en los pies pero con una gran esperanza de que por fin sus tierras les sean devueltas. Descansaron un poco y pasaron la noche fuera de la basílica de Guadalupe. Al otro día muy temprano subieron al cerro del Tepeyac. Ese cerro que los católicos recorren en su visita a la virgen de Guadalupe, sin saber que ahí llegaban los antepasados de los Wixaritari y de otros pueblos antes de la conquista, a adorar a Cihuacoatl, la Madre Tierra.

Ahí le ofrecieron ofrenda como lo hacían sus abuelos después de recorrer las mismas distancias que ellas y ellos hicieron esta vez.

De ahí caminaron otros 8 kilómetros para llegar al zócalo, frente al palacio de gobierno desde donde despacha el presidente. Al llegar, Oscar Hernández Hernández, comisariado de bienes comunales, hizo a un lado las vallas que protegen el palacio y con la bandera de su pueblo, con toda la dignidad de su estirpe, se acercó a la enorme puerta y tocó. Volvió a tocar. Nadie abrió.

Cruzó las vallas de regreso y se sumó a sus hermanxs que ahí aguardaban. Realmente, muchas y muchos sabían que la puerta mariana no se iba a abrir para ellxs. Pero han esperado tanto tiempo y se sabían acompañadxs por sus deidades y sus familias sagradas que decidieron esperar y aseguraron que si el lunes no les recibían, llegarían más Wixarikas. Miles, aseguraban.

Era viernes y ellas y ellos no tenían ninguna prisa. Los años y las experiencias les han enseñado a esperar.

El sábado por la noche hicieron una ceremonia donde simbólicamente prendieron fuego a Tatewari y cantaron y danzaron alrededor. Sus huaraches retumbaban en el asfalto de la ciudad. Sus voces se replicaban en las paredes de palacio y hacían vibrar las campanas de la catedral. Las nubes que amenazaban lluvia, se alejaron, dejando un cielo claro y estrellado. Las maderas del fuego que realmente nunca se prendió, daban calor y al acercar las manos, se sentía un cosquilleo. El abuelo fuego se hizo presente.

¿Fue la ofrenda en el cerro del tepeyac? ¿Fue la ceremonia del sábado, ¿Fue que al gobierno federal no le conviene una mala publicidad, sobre todo ahora que ha ofrecido “planes de justicia” para pueblos originarios? El caso es que el lunes, después de su diaria reunión con periodistas, la mañanera, López Obrador se reunió con las cinco autoridades de los Wixaritari presentes en la caravana, les prometió que agilizará el proceso para que sus tierras les sean restituidas y se tomó la foto oficial con los representantes en sus hermosos trajes tradicionales.

Afuera sus hermanxs esperaban con expectativa. Algunas alrededor del altar que hicieron frente a las vallas. Otros alrededor del fuego simbólico.

Al salir y al anunciar el gobernador y el comisariado, en español y en Wixarika el compromiso que hizo el presidente, hubo júbilo, lagrimas y sonrisas. Un ¡Si se pudo! coral se dejó oír después del anuncio.

Dicen que el proceso para que los ganaderos mestizos abandonen las tierras empezará en junio. Ya hay familias Wixarikas esperando para ocuparlas.

Entre quienes acompañamos y apoyamos el andar de la caravana, existe escepticismo. Sabemos que el prometer no empobrece, y que muchas veces el cumplimiento no llega. Los gobiernos de los estados nacionales, sin importar el color, llenan de promesas al pueblo, y después las olvidan.

Obrador repite incansablemente que “él no es como los presidentes anteriores”, sin embargo,pese a sus “planes de justicia” para pueblos originarios, sus acciones, sus proyectos como el mal-llamado tren maya y el corredor transistmico han demostrado que los intereses económicos tienen prioridad sobre la vida de los pueblos indígenas.

Ojalá que el pueblo Wixarika sea una excepción y puedan realmente regresar a sus tierras.

Hoy están de regreso a sus comunidades con las buenas nuevas y para prepararse a retomar las tierras que sus abuelas y abuelos un día habitaron y ofrendaron a Tatewari y a Tatei Yurienaka.

Que tengan buen camino

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